jueves, 14 de diciembre de 2006

Cuando el problema no eres tu. Ni yo...somos los dos

La verdad: Sólo llevo dos meses y un poco más con este chico que me encandiló hace más de tres meses (ya lo había contado en mi otro blog). Y aunque, en realidad, jamás hemos discutido, salvo un laaaaargo café un día de lluvia, había algo que no estaba encajando. No estaba muy segura qué, aunque tenía esta impresión de que tenía que ver con el no sentirme segura de nada. Después de lo de BBoy (un tipo del que ya no quiero saber nada), bueno... ya no me sentía tan preparada para esto de ser noviecita otra vez.
Hace unos días F. y yo tuvimos una de esas conversaciones que determinan si sigues con el otro o terminas amigablemente. Hablamos horas de horas, luego fuimos a una fiesta y hablamos un par de horas más. Luego, cuando nos íbamos a dormir, hablamos otra hora más.
Se me hizo demasiado gracioso que por primera vez alguien me pidiera que no me guardara nada (¡Yo, si hay que patearme el interruptor para que me calle!). Y que confiase, y que creyera en su palabra.
Cuando por fin me decidí a hablar (y hablé mucho) y saque a la calle todo lo que estaba encerrado en mi cerebro, vino la segunda parte graciosa: Él tampoco se había dado cuenta de nada, ni siquiera de que estaba tan asustado como yo.
Uf...a veces te ahogas en un vaso de agua (así me dice un amigo). Y yo que creí que era la única que tenía terror de verse invadida en su vida por la persona que te ocupa los pensamientos.
Creo que a todos nos ha pasado. Rogamos a las estrellas por esa persona que es nuestra otra mitad, que es todo lo que esperamos que alguien pudiese ser...y cuando la encontramos, no podemos confiar, las experiencias dolorosas del pasado no siguen aunque corramos para dejarlas atras.
Quizás F. no sea lo que necesite para el resto de mi vida. Pero ahora es lo que necesito. E incluso los diamantes parten como carbón...

No hay comentarios: